domingo, 11 de octubre de 2009


Conozco tantas personas distintas, sigo conociendo sus cambios de humor, sus maneras de enfrentar un problema y , en realidad, no hay motivos para juzgarlas. Me encanta hablar con ellos de gustos, libros, música, estudios, pasatiempos. Algunos son tan risueños que podemos terminar llorando de risa; otros, en cambio, son serios o tímidos, pero eso no implica el poder tener una conversación interesante. Es realmente agradable compartir alegrías, penas, carño, gratitud con personas, se les ilumina el rostro al escuchar alguna frase de ánimo y no dudo al decir que al demostrar estos afectos lo hacen sin espera de recompensa.